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17 Oct | 285

DÍA MUNDIAL CONTRA EL DOLOR – NO PERDAMOS LA ILUSIÓN


DÍA MUNDIAL CONTRA EL DOLOR – 17 de octubre de 2019

NO PERDAMOS LA ILUSIÓN

En el año 2004, la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), la Federación Europea del Dolor (EFIC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) establecieron la fecha del 17 de octubre como el Día Mundial contra el Dolor.

Un año más, los que nos dedicamos a esta apasionante rama de la medicina celebramos con gran ilusión este día. Y digo ilusión, a pesar de las dificultades de nuestra actividad asistencial cotidiana, porque cuando me planteo cuál es la palabra que mejor define mis sentimientos y lo que veo en los compañeros con los que tengo la suerte de compartir mi trabajo de cada día en nuestra unidad de dolor, automática e inmediatamente, ILUSIÓN es la que me viene a la cabeza. Lo mismo me ocurre cuando pienso en mis compañeros y amigos de la Sociedad Murciana de Dolor, Sociedad Española de Dolor y resto de sociedades científicas regionales. Con mucha frecuencia pienso, aunque probablemente sea una visión distorsionada de la realidad, que al dolor sólo nos dedicamos médicos con una gran ilusión.

La Real Academia Española define ilusión, entre otras acepciones, como una esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo o como viva complacencia en una persona, una cosa, una tarea, etc. Y efectivamente, así es; a los que nos dedicamos al dolor, no hay nada que más nos complazca que sentir el agradecimiento de nuestros pacientes cuando conseguimos vencer el sufrimiento que durante tanto tiempo lleva trastornado su vida y su ánimo, aunque no lo hagamos de manera completa. Es una emoción que realmente nos llena porque lo que buscamos es que nuestros pacientes vuelvan a incorporarse a la vida (en muchos casos el dolor es una muerte en vida) y así es como nos lo reflejan algunos. Y también es una esperanza en conseguir que nuestra alegría por la consecución de nuestros logros terapéuticos se acompañe de unas condiciones óptimas de trabajo donde cada área de salud disponga de una unidad de dolor adecuadamente dotada de recursos humanos y técnicos acorde con su presión asistencial que eviten importantes listas de espera que, por un lado, son humanitariamente inconcebibles ante un problema de salud pública como es el dolor crónico, pero por otro, por desgracia, existen.

Aunque el mero hecho de padecer dolor crónico te convierte en una persona vulnerable en muchos aspectos de la vida, este año 2019 ha sido dedicado por la IASP a la lucha contra el dolor de los pacientes más vulnerables, en concreto en las personas mayores que sufren dolor y, algunas, demencia, en niños y jóvenes con dolor, en personas con desórdenes psiquiátricos y problemas cognitivos que sufren dolor y en supervivientes de tortura. Estos grupos de pacientes presentan unas características especiales asociadas a mayores dificultades en la evaluación y tratamiento del dolor. Problemas de comunicación, de interacciones farmacológicas, especial afectación psico-emocional y/o funcional, diferentes farmacocinéticas en las edades extremas de la vida, etc., han conducido a que la investigación sobre el dolor estos grupos sea específica para cada uno, al igual que las guías de práctica clínica que se han establecido partiendo de esa investigación.

La investigación epidemiológica en dolor nos indica que, en todo el mundo, con pocas diferencias entre países desarrollados y en vías de desarrollo, 1 de cada 5 personas (20%) en edad adulta sufre dolor crónico moderado o severo. Teniendo en cuenta estos datos, ya en 2007, la Organización Mundial de la Salud (OMS) puso de manifiesto la importancia y relevancia del dolor a nivel internacional al certificar que “el diagnóstico correcto y el tratamiento adecuado del dolor es un importante asunto de salud pública”.

Según los datos más recientes a los que he podido tener acceso, en España, la repercusión económica, para una prevalencia de dolor crónico del 17%, supone unos costes totales nacionales anuales de 16.000 millones de euros (2,5% del PIB español). De estos, más de 12.000 millones corresponden a gastos sociales (cuidados informales personales y familiares, ayudas domésticas y de asistencia, repercusiones laborales para los pacientes, sus familias, las empresas…) y más de 3.000 millones en costes directos sanitarios. Pero estos datos económicos apuntados, por impresionantes que parezcan, ¿cuánto más importantes son que la afectación de la vida de nuestros pacientes con dolor crónico? El dolor crónico, además de afectarles físicamente, tiene graves repercusiones sobre las dimensiones psico-emocional, laboral, económica y social de su propia vida y la de sus familias.

Ante esta pregunta, la IASP ya nos dio una respuesta contundente en 2010, en su Declaración de Montreal, estableciendo 3 derechos muy sencillos de reducción, pero no tan fáciles de ejecución:

1.       El derecho de todas las personas a tener acceso al tratamiento del dolor sin discriminación.

2.       El derecho de las personas con dolor al reconocimiento de su dolor e información sobre cómo puede evaluarse y manejarse.

3.       El derecho de todas las personas con dolor a tener acceso a una evaluación y tratamiento adecuados del dolor por parte de profesionales de la salud adecuadamente capacitados.

Casi 10 años después, y como cada año por estas fechas, me siguen surgiendo las mismas preguntas:

·         Por todos los que nos dedicamos al dolor es conocido el importante esfuerzo de las sociedades científicas nacionales e internacionales por fomentar la formación de postgrado, pero ¿estamos realizando una adecuada formación a nivel de pregrado en las universidades sobre el dolor en las diferentes profesiones sanitarias?

·         ¿Procuramos una adecuada información a la población en general sobre el problema del dolor crónico y su tratamiento tanto farmacológico como intervencionista? ¿Y sobre el estamento político o administrativo tanto en la medicina pública como privada, pero sobre todo en la pública que es la mayoritaria en nuestro país?

·         ¿Porqué el dolor todavía no es en nuestro país un área de capacitación o especialidad formal y académicamente constituida?

·         Ante la evidencia de las importantes listas de espera, ¿cuáles son las causas de no poder garantizar una atención en tiempo adecuado sin esperas excesivas? ¿Existen las unidades de dolor necesarias para dar adecuada cobertura a la presión asistencial de cada área de salud? ¿Están adecuadamente dotadas las plantillas de las unidades existentes?

·         ¿Tenemos o se nos procura de una adecuada organización asistencial que nos permita cumplir con las recomendaciones de las directrices y guías de práctica clínica que tenemos perfectamente desarrolladas para todos los tipos de dolor y poblaciones específicas, para dar una asistencia de calidad?

·         ¿Disponemos de programas de coordinación asistencial con atención primaria y otras especialidades que nos permitan una asistencia multidisciplinar de calidad tan importante en el manejo de nuestros complejos pacientes? ¿Para cuándo psicólogo, rehabilitador y fisioterapeuta de referencia en cada unidad de dolor?

·         ¿Por qué no se realizan adecuados estudios o sistemas de monitorización epidemiológicos sobre dolor, cuando en muchas regiones está completamente implantada la historia clínica electrónica?

·         ¿Podremos disfrutar algún día una adecuada presión asistencial que nos permita a los clínicos participar activamente en investigación?

·         ¿Las políticas gubernamentales nacionales, pero sobre todo regionales, cumplen con las recomendaciones de las sociedades científicas nacionales e internacionales e incluso con las propias ministeriales para el adecuado manejo de los pacientes con dolor crónico?

·         Y, por último, volviendo a la ILUSIÓN, y asegurando la mía intacta desde que en 1998 decidí dedicarme al dolor, ¿por qué me cuesta tanto transmitir esa ilusión a mis compañeros de especialidad, la anestesiología, y de otras especialidades y conseguir que quieran dedicarse a estudiar y tratar el dolor? ¿Es posible que la respuesta incierta a las cuestiones antes expuestas, que todavía me sigo planteando después de tantos años, tenga algo que ver?

 

Feliz día Mundial contra el Dolor 2019.

 Juan Francisco Mulero Cervantes.

Presidente de la Sociedad Murciana del Dolor.